mi茅rcoles, 29 de abril de 2026

FASCISMO, NEOFASCISMO Y OTRAS EXPRESIONES DEL SIGLO XXI 馃憖馃憖馃憖

 


El estudio del fascismo y sus mutaciones contempor谩neas exige abandonar la comodidad de verlo como una patolog铆a hist贸rica superada o un par茅ntesis en la racionalidad democr谩tica. Por el contrario, es preciso examinarlo como una posibilidad estructural de la civilizaci贸n occidental, un "mal elemental" que emerge cuando el sujeto, desamparado por las promesas rotas del liberalismo, decide abdicar de su libertad en favor de una autoridad absoluta y devoradora. En el actual escenario latinoamericano, el neofascismo no se presenta como una anomal铆a, sino como la fase de "desnudamiento" del capital: una reacci贸n violenta y autoritaria ante cualquier proyecto que ose cuestionar la jerarqu铆a social establecida. Este an谩lisis se aleja de la descripci贸n fenomenol贸gica para entrar en el terreno de la cr铆tica pol铆tica radical. Se propone que el auge de las derechas radicales es una respuesta directa a las contradicciones de la globalizaci贸n neoliberal; una estrategia que instrumentaliza el miedo y el odio para restaurar el orden de las 茅lites bajo el disfraz de una supuesta defensa de la libertad. A trav茅s de una revisi贸n de la subjetividad fascista, su herencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional y su desprecio por la democracia procedimental, el presente trabajo explora c贸mo este fen贸meno opera hoy no solo a trav茅s del Estado, sino mediante la captura de la psique colectiva y la desarticulaci贸n de la alteridad. La pregunta no es c贸mo evitar que el fascismo regrese, sino c贸mo confrontar su presencia ya instalada en el tejido social del siglo XXI.

Para profundizar en la construcci贸n de la subjetividad fascista y el concepto del Mal Elemental, es necesario desarticular la idea de que el fascismo es una imposici贸n externa sobre una sociedad pasiva; por el contrario, el texto revela que es un proceso de auto esclavitud nacido de las entra帽as del capitalismo contempor谩neo. El sujeto del siglo XXI, fragmentado y despojado de un sentido de comunidad real por la l贸gica neoliberal, encuentra en el fascismo no un enemigo, sino una salida existencial al desamparo que le produce la libertad abstracta. Esta libertad, que en el papel promete autonom铆a, pero en la pr谩ctica entrega precariedad, se convierte en una carga insoportable que el individuo decide ceder a cambio de la promesa de protecci贸n de un orden absoluto.

El "Mal Elemental" se manifiesta, entonces, como esa decisi贸n ontol贸gica de renunciar al esp铆ritu en favor de lo biol贸gico, de la sangre y del suelo. Mientras que la tradici贸n humanista busca la trascendencia y el di谩logo, la subjetividad fascista se encadena a la identidad cerrada, transformando el cuerpo en una trinchera contra la alteridad. Aqu铆 es donde reside la cr铆tica m谩s feroz del ensayo de Veloz Serrade: el fascismo no es una falta de civilizaci贸n, sino una posibilidad inherente a ella que surge cuando el pensamiento se detiene y la pulsi贸n de muerte toma el mando. En este estado, el individuo deja de ser un agente 茅tico para convertirse en una pieza de una maquinaria de odio que, parad贸jicamente, le otorga una sensaci贸n de vitalidad y prop贸sito que el mercado le hab铆a negado.

Esta mutaci贸n de la psique colectiva permite que el fascismo opere como un "espejo sat谩nico" de la verdadera liberaci贸n. En lugar de enfrentar las causas estructurales de su miseria la concentraci贸n de la riqueza, la explotaci贸n laboral o la destrucci贸n del tejido social, el sujeto neofascista proyecta su frustraci贸n hacia aquellos que est谩n en una posici贸n de mayor vulnerabilidad. El "otro" deja de tener un rostro humano para transformarse en un objeto de consumo o de exterminio. La subjetividad fascista se construye sobre la premisa de que la existencia del "diferente" es una amenaza directa a la supervivencia propia, lo que justifica la suspensi贸n de toda norma moral y la adopci贸n de una violencia que se percibe como defensiva y, por tanto, leg铆tima. El papel del l铆der en esta din谩mica es fundamental, pues act煤a como el ancla que detiene el naufragio del yo. El l铆der autoritario no convence por la fuerza de sus argumentos, sino por la potencia de su desprecio hacia las instituciones y las normas que el seguidor siente que lo han traicionado. Al identificarse con la figura del "Padre" omnipotente, el individuo recupera una ilusi贸n de soberan铆a: "yo soy poderoso porque pertenezco a este l铆der que no tiene miedo de ser cruel". Esta relaci贸n libidinal es la que permite que el capitalismo del siglo XXI sobreviva a sus propias crisis; cuando la democracia ya no puede garantizar la acumulaci贸n de capital, el sistema recurre a estas subjetividades autoritarias para disciplinar a las masas mediante el miedo y la identificaci贸n con el opresor.


Desde una perspectiva cr铆tica, el neofascismo actual representa la deshumanizaci贸n total convertida en pol铆tica de Estado y en sentido com煤n. Ya no se requiere de un discurso intelectualmente sofisticado, pues el neofascismo apela a lo m谩s b谩sico: el hambre, el miedo al futuro y el resentimiento acumulado. Se subraya que esta subjetividad se caracteriza por una "atrofia de la imaginaci贸n", donde el sujeto es incapaz de concebir un mundo que no est茅 basado en la jerarqu铆a y la dominaci贸n. El "Mal Elemental" es, en 煤ltima instancia, la aceptaci贸n de que la barbarie es el 煤nico orden posible y que la crueldad es la 煤nica forma de realismo. Consecuentemente, el desaf铆o que plantea el texto no es solo pol铆tico, sino profundamente psicol贸gico y pedag贸gico. Si el fascismo nace de la renuncia a la subjetividad cr铆tica, la resistencia debe pasar por la reconstrucci贸n de esa capacidad de pensar y de sentir al otro no como una amenaza, sino como una condici贸n necesaria para la propia libertad. Mientras el capitalismo siga produciendo sujetos desamparados y sociedades atomizadas, el huevo de la serpiente seguir谩 encontrando el calor necesario para eclosionar. El neofascismo no es un error del sistema, es su herramienta de emergencia para cuando las m谩scaras de la libertad ya no alcanzan a cubrir el rostro del autoritarismo econ贸mico. La lucha es, pues, contra esa inercia que nos empuja a buscar amparo en las cadenas y a llamar salvaci贸n a lo que no es m谩s que nuestra propia aniquilaci贸n 茅tica.  El an谩lisis de la subjetividad fascista nos conduce, por una progresi贸n necesaria y violenta, hacia el segundo eje fundamental: el neofascismo como la respuesta inmunitaria y reaccionaria del capital frente a los ciclos progresistas en Am茅rica Latina. Si el Mal Elemental opera en el abismo de la psique individual, el neofascismo regional act煤a como el brazo ejecutor de una estructura de clase que, al verse m铆nimamente amenazada en sus privilegios, decide romper el pacto democr谩tico para instaurar un orden de aniquilaci贸n.

Esta mutaci贸n pol铆tica no surge de la nada; es el resultado de una "genealog铆a del odio" que hunde sus ra铆ces en la Doctrina de la Seguridad Nacional. Es importante al se帽alar que el neofascismo latinoamericano no es una ideolog铆a nueva, sino la actualizaci贸n tecnol贸gica de un viejo rencor olig谩rquico que identifica a cualquier pol铆tica de redistribuci贸n o de justicia social como un "enemigo interno" al que no solo hay que derrotar, sino extirpar. En este sentido, la cr铆tica debe ser implacable: el neofascismo es la m谩scara que utiliza el neoliberalismo cuando ya no puede sostenerse mediante el consenso y requiere de la fuerza bruta y la movilizaci贸n de pasiones tristes para sobrevivir.

La reacci贸n como estrategia de supervivencia馃拋

El fen贸meno que observamos en la regi贸n no es un conservadurismo tradicional, sino un radicalismo de derecha que se alimenta del p谩nico moral y econ贸mico. Para estos movimientos, los periodos de gobiernos progresistas no fueron interpretados como alternativas democr谩ticas, sino como anomal铆as comunistas que pusieron en riesgo la esencia misma de la naci贸n. Aqu铆 es donde el texto de Figueroa y Moreno se vuelve vital para entender la coyuntura: el neofascismo utiliza el lenguaje de la "libertad" para destruir las condiciones materiales que hacen posible la libertad real.  La postura cr铆tica que debemos adoptar revela una contradicci贸n sangrienta: estos movimientos se presentan como "antisistema" o rebeldes contra la 茅lite pol铆tica, mientras que sus agendas econ贸micas profundizan la dependencia, la desregulaci贸n financiera y el despojo de los recursos naturales. El neofascismo es, esencialmente, un capitalismo sin frenos que se ha despojado de su ropaje liberal-democr谩tico. Al se帽alar al populismo como el mal absoluto, logran que las clases medias y populares, golpeadas por la propia crisis del capital, dirijan su furia contra el Estado social y no contra las estructuras de acumulaci贸n que las est谩n asfixiando.

El desprecio por la democracia procedimental

A diferencia de la derecha neoliberal de finales del siglo XX, que aceptaba las reglas del juego democr谩tico mientras le fueran 煤tiles, el neofascismo del siglo XXI manifiesta un desprecio abierto por la institucionalidad. La cr铆tica aqu铆 es profunda: se ha pasado de la democracia tutelada a una pol铆tica de tierra quemada donde se ataca activamente la separaci贸n de poderes, la libertad de prensa y los derechos humanos, bajo el pretexto de que estas son herramientas del marxismo cultural. Esta visi贸n defensiva y paranoica de la pol铆tica transforma el debate en una guerra de exterminio simb贸lico. Se advierte que la eficacia de este discurso radica en su capacidad para simplificar la realidad: todo lo que sea diverso, todo lo que sea p煤blico y todo lo que sea solidario es etiquetado como amenaza. El neofascismo no busca gobernar la diferencia, busca administrar el odio hacia ella, utilizando las redes digitales y la propaganda tecnol贸gica para crear burbujas de realidad donde la empat铆a es vista como una debilidad imperdonable.

El cuerpo y el territorio: campos de batalla馃憡

Resulta necesario reflexionar sobre c贸mo este neofascismo se encarna en pol铆ticas espec铆ficas de exclusi贸n. El texto resalta que este movimiento es tributario de una visi贸n biol贸gica de la sociedad. No se limita a una disputa electoral; es una ofensiva sobre los cuerpos. La criminalizaci贸n de la protesta social, el endurecimiento de las pol铆ticas migratorias y el ataque a las agendas de g茅nero son expresiones de un deseo de restaurar un orden jer谩rquico naturalizado donde unos nacieron para mandar y otros para obedecer o desaparecer.

Neofascismo vs. Derecha Neoliberal

El mensaje que nos arroja es una advertencia urgente: el neofascismo no es el final del capitalismo, sino su m茅todo de emergencia. Es la respuesta del sistema ante el agotamiento de su propia legitimidad. Si no somos capaces de ver que este odio es funcional a la concentraci贸n de la riqueza, seguiremos atrapados en una falsa disputa cultural mientras el poder real sigue operando en las sombras. La cr铆tica radical consiste en entender que el neofascismo es la forma que toma el capital cuando decide que la vida de las mayor铆as ya no es rentable y que la democracia es un lujo que ya no puede permitirse. Por lo tanto, la resistencia no puede ser meramente institucional o jur铆dica; debe ser una contraofensiva de la subjetividad y de la comunidad. Mientras el neofascismo ofrece la seguridad de las cadenas y el consuelo del odio, la alternativa debe ser la construcci贸n de una vida com煤n que recupere el Rostro del otro, rompiendo el hechizo del individualismo feroz que es el caldo de cultivo de la barbarie moderna. El neofascismo es, en 煤ltima instancia, el miedo del capital a un mundo donde todos quepamos. La distinci贸n entre la derecha neoliberal tradicional y el neofascismo del siglo XXI no es un matiz sem谩ntico, sino una ruptura ontol贸gica en la forma de gestionar el poder y la exclusi贸n. Mientras que el neoliberalismo cl谩sico se esforz贸 durante d茅cadas por operar dentro de los m谩rgenes de la democracia procedimental utiliz谩ndola como un envoltorio institucional para validar la mercantilizaci贸n de la existencia, el neofascismo actual surge como una fuerza que desprecia activamente estas formas. Para la vieja guardia neoliberal, las instituciones eran herramientas de estabilidad; para el neofascista, son estorbos que impiden la manifestaci贸n pura de la voluntad de dominio.

Esta transici贸n marca el paso de una dominaci贸n basada en el consenso tecnocr谩tico a una basada en la provocaci贸n y la ruptura absoluta. La derecha neoliberal gestionaba la desigualdad mediante el discurso de la meritocracia y la eficiencia, manteniendo una fachada de "correcci贸n pol铆tica" que permit铆a la integraci贸n sist茅mica. En contraste, el neofascismo rompe este pacto de civilidad. No busca convencer al adversario, sino anularlo simb贸licamente, haciendo del insulto y la incorrecci贸n pol铆tica su principal activo. Aqu铆, el neofascismo ya no necesita esconder su racismo, su misoginia o su elitismo bajo eufemismos econ贸micos; los exhibe como trofeos de una "libertad" malentendida que no es m谩s que el derecho del fuerte a pisotear al d茅bil.

Desde una postura cr铆tica, debemos comprender que esta ruptura ocurre porque el capitalismo ha entrado en una fase donde la democracia, incluso en su versi贸n m谩s reducida, le resulta costosa. La derecha neoliberal aceptaba la alternancia siempre que el modelo econ贸mico fuera intocable. Sin embargo, ante la crisis de legitimidad del mercado global, el neofascismo aparece como el "perro guardi谩n" radicalizado que no teme incendiar la casa con tal de que nadie m谩s entre en ella. El desprecio neofascista por la democracia no es un error de c谩lculo, es la constataci贸n de que la acumulaci贸n de capital hoy requiere de la supresi贸n de derechos humanos y de la eliminaci贸n de cualquier contrapeso institucional.

Adem谩s, existe una diferencia fundamental en la gesti贸n del miedo. El neoliberalismo utilizaba el miedo al fracaso individual y a la exclusi贸n del mercado; el neofascismo, en cambio, moviliza un p谩nico existencial y colectivo. Construye una narrativa donde la identidad nacional, la familia tradicional y la "civilizaci贸n" misma est谩n bajo asedio por un enemigo omnipresente que incluye desde el migrante hasta el acad茅mico cr铆tico. Al desplazar la angustia econ贸mica hacia una guerra cultural, el neofascismo logra que las v铆ctimas del sistema defiendan con fervor a sus victimarios, creyendo que est谩n luchando por su supervivencia biol贸gica contra un marxismo cultural imaginario.  La cr铆tica a esta deriva nos obliga a ver que el neofascismo es la verdad desnuda del neoliberalismo. No son polos opuestos, sino etapas de un mismo proceso de degradaci贸n social. La derecha neoliberal paviment贸 el camino al destruir el tejido comunitario y reducir al ciudadano a un consumidor atomizado; el neofascismo simplemente toma a ese individuo solo y asustado y le ofrece el consuelo de una identidad agresiva y autoritaria. El texto nos advierte que esta nueva derecha no busca "corregir" la democracia, sino sustituirla por un estado de excepci贸n permanente donde la 煤nica ley sea la voluntad del l铆der y la rentabilidad del capital.

En definitiva, entender esta dicotom铆a es vital para no caer en la trampa de a帽orar el neoliberalismo pasado como si fuera una alternativa humana. El neofascismo es el hijo leg铆timo de las promesas incumplidas del mercado total. La resistencia pol铆tica hoy no puede consistir en volver a la normalidad neoliberal, pues esa normalidad es la que engendr贸 la barbarie que hoy nos acecha. Debemos denunciar que, bajo el ruido de sus disputas est茅ticas, tanto la derecha tecnocr谩tica como la neofascista comparten el mismo fin: la preservaci贸n de una jerarqu铆a social donde la vida humana tiene valor solo si es productiva para el sistema. La verdadera ruptura no est谩 entre estas dos derechas, sino en la construcci贸n de una alternativa que rescate la dignidad del Rostro ajeno frente a la maquinaria de la exclusi贸n.

La T茅cnica del Poder y la Propaganda

La comprensi贸n del neofascismo como una t茅cnica de poder y no simplemente como un conjunto de ideas incoherentes es, quiz谩s, el punto de inflexi贸n m谩s cr铆tico en la obra "Fascismo, neofascismo y otras expresiones del capitalismo del siglo XXI". En este an谩lisis, se nos revela que el 茅xito de estos movimientos no radica en la solidez de su teor铆a, sino en su eficacia mec谩nica para gestionar a las masas mediante una ingenier铆a emocional que anula la capacidad cr铆tica del sujeto. El fascismo opera como una tecnolog铆a de dominaci贸n que se desprende de la verdad para instalarse en el terreno de la pulsi贸n, transformando la pol铆tica en un ejercicio de manipulaci贸n de los deseos m谩s oscuros del tejido social.  Esta t茅cnica se fundamenta en la explotaci贸n sistem谩tica de la frustraci贸n acumulada por las crisis del capital. La propaganda neofascista no busca informar ni convencer racionalmente; su objetivo es capturar la atenci贸n a trav茅s de la irritaci贸n y la descarga afectiva. En lugar de argumentos, utiliza est铆mulos que apelan a la "pulsi贸n destructiva". Aqu铆, el lenguaje deja de ser un veh铆culo de sentido para convertirse en un arma de guerra simb贸lica. La eficacia de esta t茅cnica radica en su capacidad para simplificar la complejidad de la realidad en una narrativa binaria de "nosotros contra ellos", donde cualquier disidente es etiquetado autom谩ticamente como un enemigo de la patria o un agente del caos.

Desde una perspectiva cr铆tica, es fundamental notar que esta t茅cnica de poder se estructura sobre la mentira flagrante como m茅todo. A diferencia de la propaganda pol铆tica tradicional, que a menudo matiza la verdad, la propaganda neofascista la desprecia abiertamente. La mentira no es un error de comunicaci贸n, es una demostraci贸n de poder: el l铆der miente porque tiene la fuerza para imponer su realidad sobre los hechos. Esta din谩mica crea una complicidad perversa con la masa, que acepta la falsedad no porque crea en ella, sino porque la mentira sirve para humillar al oponente racional y para reafirmar la lealtad al grupo. Es, en esencia, una t茅cnica que suspende el juicio 茅tico del individuo en favor de una seguridad gregaria.  Asimismo, esta gesti贸n de las masas se apoya en una est茅tica del espect谩culo y de la fuerza. El neofascismo comprende que, en la era de la saturaci贸n digital, el impacto visual y emocional prima sobre la reflexi贸n. La t茅cnica consiste en mantener a la sociedad en un estado de agitaci贸n permanente, saltando de una "amenaza" imaginaria a otra, lo que impide que el ciudadano pueda procesar las verdaderas causas materiales de su precariedad. Se subraya que esta es una respuesta eficiente para el capitalismo del siglo XXI, ya que permite desviar el descontento social hacia chivos expiatorios minor铆as, inmigrantes o intelectuales, blindando as铆 a las 茅lites econ贸micas de cualquier cuestionamiento real.

Otro elemento crucial es la instrumentalizaci贸n de la tecnolog铆a. El neofascismo actual utiliza algoritmos y redes sociales como c谩maras de eco que amplifican el resentimiento. Esta t茅cnica de poder no requiere de la censura cl谩sica del Estado; le basta con inundar el espacio p煤blico de ruido, desinformaci贸n y odio para que la verdad se vuelva irrelevante. Al saturar la subjetividad del individuo con est铆mulos de miedo y desprecio, el sistema logra una obediencia que ya no necesita de la bayoneta, sino que se manifiesta como una adhesi贸n voluntaria a la figura del salvador autoritario.  La cr铆tica a esta t茅cnica de poder nos revela una paradoja aterradora: el neofascismo utiliza las herramientas de la libertad de expresi贸n y la tecnolog铆a democr谩tica para aniquilar la democracia desde adentro. Es una t茅cnica que apela al "deseo de cat谩strofe" de una poblaci贸n que, al no ver un futuro posible dentro del sistema, prefiere ver el mundo arder bajo el mando de un l铆der fuerte. No se trata de un fen贸meno irracional, sino de una racionalidad instrumental llevada al extremo para preservar el orden capitalista en su fase m谩s salvaje.

En conclusi贸n, enfrentar al neofascismo exige dejar de tratarlo como una postura intelectual equivocada para empezar a combatirlo como una tecnolog铆a de control psicosocial. Si su fuerza reside en la anulaci贸n del Rostro del otro y en la glorificaci贸n de la violencia, la resistencia debe pasar por una pol铆tica que recupere la verdad, la empat铆a y la capacidad de imaginar un futuro compartido fuera de la l贸gica del odio. El mensaje de la obra es claro: mientras el capitalismo siga generando sujetos despojados de esperanza, la t茅cnica de poder fascista seguir谩 encontrando en la propaganda el combustible perfecto para incendiar la raz贸n y sustituirla por la barbarie eficiente.

El cuerpo y la exclusi贸n social


La relaci贸n entre el cuerpo, la identidad y la exclusi贸n social constituye el cierre m谩s descarnado del an谩lisis sobre el neofascismo, pues es donde la ideolog铆a deja de ser abstracci贸n para grabarse directamente en la carne. En el marco de la obra "Fascismo, neofascismo y otras expresiones del capitalismo del siglo XXI", se plantea que el fascismo no es solo un r茅gimen pol铆tico, sino una ontolog铆a biol贸gica que encadena al sujeto a sus rasgos f铆sicos, eliminando cualquier rastro de trascendencia o libertad espiritual. Para el pensamiento fascista, el ser humano no se define por su voluntad o su intelecto, sino por un determinismo implacable: el cuerpo es el destino, y ese destino est谩 marcado por la raza, la sangre y el suelo.

El encadenamiento biol贸gico y la p茅rdida del "Yo"

La cr铆tica que surge desde la perspectiva de L茅vinas es fundamental para entender esta tragedia: el hitlerismo y sus versiones contempor谩neas operan mediante un "encadenamiento biol贸gico". Mientras que la tradici贸n liberal con todas sus fallas intent贸 plantear una subjetividad que pudiera elevarse sobre sus circunstancias materiales, el fascismo proclama que el esp铆ritu est谩 irremediablemente atado al cuerpo. No hay escape de la propia biolog铆a. Esta visi贸n reduce la existencia a una jerarqu铆a naturalizada donde la dignidad no es un derecho inherente, sino una concesi贸n basada en la pureza de la sangre. Desde mi postura cr铆tica, esto representa la claudicaci贸n total del humanismo. Al aceptar que el cuerpo determina la validez de una vida, el neofascismo del siglo XXI justifica la exclusi贸n de todo aquel que no encaje en el est谩ndar de la "normalidad" productiva o identitaria. El cuerpo del otro del migrante, del disidente, del cuerpo no hegem贸nico es visto como una amenaza f铆sica que debe ser controlada, segregada o eliminada para que el cuerpo colectivo de la naci贸n permanezca sano. Es una pol铆tica de la carne que niega la posibilidad de un encuentro 茅tico, sustituyendo el Rostro del pr贸jimo por una categor铆a biol贸gica enemiga.

El nacionalismo defensivo: El miedo como identidad馃拋

A diferencia del fascismo cl谩sico, que se caracterizaba por un 铆mpetu imperialista de expansi贸n, los neofascismos actuales en Am茅rica Latina y el mundo operan bajo una l贸gica de nacionalismo defensivo. Esta es una distinci贸n vital que se subraya con precisi贸n: no se busca conquistar el mundo, sino proteger una identidad supuestamente asediada. Este nacionalismo nace del miedo profundo a la contaminaci贸n y a la p茅rdida de privilegios en un mundo globalizado que ha precarizado la vida de todos.

Este nacionalismo defensivo es una patolog铆a social que utiliza la identidad como un escudo agresivo. Al no poder ofrecer soluciones reales al descalabro econ贸mico del capitalismo, el neofascismo ofrece la ilusi贸n de una comunidad pura y protegida. La exclusi贸n social se convierte as铆 en una medida de "higiene p煤blica". El "otro" es construido como un agente infeccioso que porta el germen de la decadencia moral o econ贸mica. Por tanto, la violencia hacia los grupos vulnerables no se percibe como agresi贸n, sino como una defensa leg铆tima del cuerpo social. Es una trampa perfecta: se moviliza a las masas para que defiendan las fronteras y los muros, mientras las 茅lites econ贸micas saquean el interior de esos mismos muros con total impunidad.

El crimen sin remordimiento: La suspensi贸n de la 茅tica馃懖

Quiz谩s el punto m谩s sombr铆o de este an谩lisis es la configuraci贸n del fascismo como un "crimen sin remordimiento". La t茅cnica de poder fascista logra algo aterrador: la suspensi贸n de la responsabilidad 茅tica individual. Al estar el individuo integrado en un Yo colectivo autoritario, sus actos dejan de ser suyos y pasan a ser mandatos de una necesidad hist贸rica o biol贸gica superior. En este estado, la crueldad no produce culpa porque se ejecuta en nombre de la "salvaci贸n" de la patria o de la familia. El neofascismo del siglo XXI ha perfeccionado esta suspensi贸n de la responsabilidad a trav茅s de la banalizaci贸n del mal cotidiano. Se nos entrena para ser indiferentes ante el dolor ajeno, para aceptar como natural que mueran miles en las fronteras o que se abandone a su suerte a los ancianos y a los pobres bajo el pretexto de que no hay recursos. Cuando la sociedad acepta estas peque帽as injusticias como inevitables, ya ha cruzado el umbral hacia la barbarie. El "crimen sin remordimiento" es la fase final de la deshumanizaci贸n: es el momento en que podemos observar el sufrimiento del otro y no sentir nada, porque ese otro ha dejado de tener un Rostro para nosotros.

Conclusi贸n cr铆tica: La urgencia de la responsabilidad

Mi reflexi贸n final es que el neofascismo no es un evento externo que debemos esperar, sino una disposici贸n que se cultiva en el desprecio por la vulnerabilidad humana. El capitalismo contempor谩neo necesita de estos cuerpos d贸ciles y de estas conciencias anestesiadas para perpetuarse. Si permitimos que la identidad se reduzca a lo biol贸gico y que la pol铆tica sea solo una defensa del nosotros contra ellos, estamos pavimentando el camino para que el Mal Elemental se institucionalice. La verdadera resistencia pol铆tica, como sugiere el esp铆ritu de la obra, debe ser una apuesta radical por la responsabilidad 茅tica. No podemos permitir que el sistema suspenda nuestra capacidad de sentir el dolor del otro. Frente al nacionalismo defensivo que levanta muros, debemos proponer una subjetividad abierta que reconozca que mi libertad solo es posible si la del otro tambi茅n lo es. El fascismo es, en 煤ltima instancia, el triunfo de la muerte sobre el esp铆ritu; combatir su avance requiere recuperar la sacralidad de la vida humana m谩s all谩 de cualquier etiqueta biol贸gica o econ贸mica. El neofascismo es el espejo de nuestra propia indiferencia, y romper ese espejo es el primer paso para volver a ser humanos en un siglo que parece empe帽ado en olvidarlo.

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La conclusi贸n de este an谩lisis nos enfrenta a una realidad ineludible: el neofascismo no es un fantasma del siglo XX, sino la respuesta org谩nica y desesperada de un capitalismo que ha agotado sus promesas de bienestar y libertad. A trav茅s de la manipulaci贸n de la psique, la aniquilaci贸n de la alteridad y el uso de la t茅cnica de poder como herramienta de confusi贸n masiva, este fen贸meno ha logrado institucionalizar el odio y el desprecio por la vida. No estamos ante un error del sistema, sino ante su fase m谩s desnuda y violenta, donde el Mal Elemental se convierte en pol铆tica de Estado para salvaguardar los intereses de las 茅lites bajo el disfraz del nacionalismo defensivo.  Por ejemplo, en el Ecuador de la actualidad, estas din谩micas resuenan con una urgencia alarmante. La creciente polarizaci贸n, la estigmatizaci贸n de la protesta social y la ret贸rica de seguridad que prioriza el control punitivo sobre la inversi贸n social, reflejan esa deriva autoritaria que el texto advierte. Cuando el miedo al otro ya sea el migrante o el disidente dicta la agenda p煤blica y se suspende la responsabilidad 茅tica ante la precariedad de las mayor铆as, el huevo de la serpiente ya ha eclosionado. La soluci贸n no vendr谩 de los mismos caudillos que ofrecen amparo a cambio de servidumbre, sino de una reconstrucci贸n radical del tejido comunitario y de una 茅tica que devuelva el Rostro humano a quienes el sistema ha decidido invisibilizar.

 

 

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